Para un taller infantil que abordará los diversos elementos que conforman la apreciación del arte, es de obligada referencia la figura de uno de los más reconocidos pedagogos en nuestro país: Oscar Morriña Rodríguez. Nacido en La Habana en 1925, Morriña dedicó su vida a la enseñanza, la investigación y la promoción de la cultura artística, convirtiéndose en una figura esencial para la formación de generaciones de estudiantes, profesores e instructores de arte en Cuba.
Su labor estuvo estrechamente vinculada a la Universidad de La Habana, donde ejerció como profesor del Departamento de Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras. A lo largo de más de cuatro décadas de trabajo docente, se distinguió por su claridad pedagógica, su profundo conocimiento de la historia del arte y su capacidad para acercar las artes plásticas a públicos diversos. Fue reconocido con la categoría de Profesor de Mérito, uno de los más altos honores académicos otorgados por la institución.
Morriña no solo impartió clases, sino que también desarrolló una amplia obra escrita, orientada a la educación artística. Sus libros y manuales didácticos —entre ellos, textos sobre apreciación de las artes plásticas, fundamentos de la forma y museología— se utilizaron en distintos niveles de enseñanza. Su enfoque combinaba el análisis formal de la obra de arte con herramientas prácticas para la observación, la creatividad y el montaje expositivo, contribuyendo a fortalecer la enseñanza del arte como disciplina formativa integral. Incansable en su superación profesional, Morriña fue ejemplo para su colectivo, al cual orientó por los caminos de la comprensión de las artes plásticas.
Fue además miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y participó activamente en proyectos culturales dentro y fuera del país. A lo largo de su trayectoria recibió importantes distinciones por su aporte a la cultura y la educación cubanas, incluyendo reconocimientos oficiales por su dedicación a la formación artística.
No debemos concluir sin mencionar su extraordinaria labor como fundador del Departamento Educativo del Museo Nacional de Bellas Artes, que festeja su 60 Aniversario, y la Sala didáctica en 1968.
El legado de Oscar Morriña Rodríguez permanece en sus publicaciones, en sus estudiantes y en la concepción pedagógica que ayudó a consolidar: una educación artística accesible, rigurosa y profundamente humanista.
Su vida fue ejemplo de compromiso con la enseñanza y con la difusión del arte como herramienta de crecimiento intelectual y sensibilidad cultural.
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